domingo, 20 de mayo de 2018

REGIÓN Y TRAGEDIA / Darío Ruiz Gómez

Pawel Kusinski



REGIÓN Y TRAGEDIA

Darío Ruiz Gómez

La película de Elia Kazan “Rio salvaje” describe con  vigorosas imágenes  la historia de un grupo de habitantes del valle del Tennessee, hacia 1930, para entonces una región hundida en la miseria, en la esterilidad  de sus suelos, en el atraso y el analfabetismo, una región sometida crónicamente a las inundaciones del río. Plantear la construcción de una serie de represas no solo respondía  a la tarea  de regular esas aguas  sino a la  de producir la  energía eléctrica necesaria  para el desarrollo industrial del país y rescatar una región hundida en el atraso. A la cabeza de la planificación económica estuvo uno de los más importantes economistas del siglo XX, David Lilienthal  ya que lo que la represa planteaba para el gobierno de Roosevelt era no solo producir energía sino fundamentalmente, repito,  rescatar la región incorporando su economía al ciclo productivo del resto de una nación que buscaba salir, tal como lo hizo, de la gran crisis económica. Esa crisis sirvió para que escritores, directores de cine, documentalistas, músicos descubrieran la llamada “América profunda”  su inmenso legado cultural y naciera  la gran cultura norteamericana moderna. Otras voces, otros ámbitos. En esta historia Chuck  Glover (Montgomery Clifft) es el empleado gubernamental que llega a la región a convencer a sus pobladores  de vender sus tierras que serán inundadas para llevar a cabo una obra de progreso.  Glover es el efecto detonante  de muchas  reacciones como la de quienes no aceptan que  los nuevos trabajadores sean negros y tengan un salario igual al de los blancos. Es la confrontación  entre una idea justa de progreso y los atavismos  que aún imperan en el alma de seres dominados por la ignorancia.  Está  el derecho  de  quienes  hacen  parte de este paisaje de amarguras y necesidades  económicas,  de silenciosas  hazañas  contra una áspera  naturaleza  a que se respete aquello que intangiblemente  los une como una comunidad en el tiempo: la idea de región, una geografía  que bautizaron sus muertos, que han justificado sus dignos retos de vida. Elia Garth ( Jo Van Fleet) es la vieja  cacica  reacia a aceptar este  progreso que irrumpe en sus vidas como un exabrupto, que se opone  a decir adiós a la tierra sobre la cual ha fundado su heredad y a hincado su memoria. Grandioso  personaje cuyas preguntas  brotadas  desde su rostro habitado de recuerdos fundacionales, hilo que sostiene la historia humana de los lugares, es el vínculo de una memoria que no debe desaparecer y que el llamado progreso  material deberá respetar para lograr su justificación.

Una “obra de progreso” lo será en la medida en que sea capaz  de reconocer  ante  nuestros ojos estas vinculaciones entre la tarea del ser humano creando con su esfuerzo una geografía, un horizonte, su patria verdadera y la presencia de una obra tecnológica  como muestra de  capacidad científica que servirá para renovar estos vínculos entre la memoria de la tierra y la memoria de los seres humanos ya que el choque entre derechos y expoliaciones conduce siempre al desarraigo y al exilio. Racionalizar  el impacto de lo imprevisto es prever el impacto del desastre.  Ya en su momento lo señaló el gran F.  D.  Roosevelt: “Siempre hemos sabido que la búsqueda  sin  límites del propio interés es mala moral, ahora sabemos también que es mala economía”   

martes, 15 de mayo de 2018

Extrañamente sigilosas / Pablo Felipe Arango






Extrañamente sigilosas

Pablo Felipe Arango

     Los recuerdos son las cosas que ya no quieres recordar”
Joan Didion



 Son muchas las personas de las que no nos queda ni el recuerdo de su nombre, pero curiosamente sí un rastro, un leve vestigio de su paso. Un libro del ingrato Naipaul, por ejemplo, que tengo en mi biblioteca y que me obsequió un compañero de trabajo con el que tuve contacto apenas unos pocos meses, y que estoy seguro nunca más volveré a ver o a saber de él.

A veces es apenas un recuerdo leve, débil, que pareciera perderse en la maraña de historias que nos habitan pero que de un momento a otro vuelve al frente aun cuando sea por un segundo. Sin quererlo, sin hacer esfuerzo alguno, surge entonces por ejemplo, gracias a que me obsequió sin razón alguna y de manera intempestiva Aire de tango de Mejía Vallejo, el recuerdo de aquel compañero de universidad que había perdido la razón mientras pagaba servicio militar e intentaba recuperarla estudiando derecho, usando un vestido amarillado por el tiempo acompañado de unas botas vaqueras, y que fue asesinado una noche lluviosa, defendiendo a su equipo del alma de las ofensas de los hinchas de uno paisa.

¿Por qué lo recuerdo a él y en cambio he olvidado asuntos, hechos, datos, personas, que otros en cambio sí recuerdan? En ocasiones alguien me reclama cierto aparente olvido, me habla de personas que supuestamente fueron importantes en mi infancia o mi adolescencia, y yo quedo extrañado, sintiendo casi que la vida de la que me hablan es otra, como si algo o alguien hubieran sacado de mi cerebro ciertos recuerdos. Pero sé que no fue alguien. No hay confabulación alguna, no he sido abducido, ni una maquina ha expurgado mi memoria, es simple el asunto, soy yo mismo el guardián de mi sanidad mental, porque de eso se trata, de una defensa mental; olvidamos selectivamente para evitar que el cerebro haga cortocircuito.

Pero vuelvo al asunto de los mínimos vestigios que van quedando por ahí regados, de las cosas que poco a poco van poblando nuestro entorno y que nos sirven de mojones gracias a los cuales no terminamos disgregados, esparcidos por el universo. Cosas insignificantes que atesoramos sin razón aparente, pero que ciertamente definen nuestra humanidad. Cosas que además también olvidamos por temporadas pero que al volver a tenerlas entre nuestras manos provocan algún recuerdo o alguna fantasía. Alguna ficción, porque al fin y al cabo esos son los recuerdos: nuestra novela. Juan José Saer dijo: “Todo puede concebirse –entenderse– como una novela: lo que hacemos, lo que pensamos, lo que decimos…”, lo que recordamos, me atrevo a agregar. José Donoso contestó en alguna entrevista que hacer una casa era igual que escribir una novela, ¿y qué es hacer una casa sino acumular objetos y recuerdos? No se trata de atesorar, no, es otra cosa, insisto, son los linderos de nuestra existencia: de aquel libro regalo de primera comunión un tanto hacia arriba hasta el libro de Mario Praz; de aquel otro hasta el que me regaló un amigo querido y añorado; del radio que reposa en el nochero, que no se enciende hace años, hasta la camisa a cuadros, que siempre se escapa de los envíos al ropero de segundas; y de ésta hasta la pintura de un viejo marinero que había en la casa de mis abuelos, carente de valor artístico, pero que aun así pedí y colgué en alguna pared.
Borges escribió:

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. ¿Cuántas cosas,
limas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Nos sirven, dijo el poeta, extrañamente sigilosas. En silencio, como guardando un secreto. Uno que nadie podrá escuchar, que nadie sabrá. En medio de la basura, en el relleno sanitario, innumerables cosas arrojadas siguen guardando el sigilo del que fueron testigos. Tal vez en miles de años, un arqueólogo –solo ese oficio será útil en aquel entonces–, devanará nuestra vida, quizá con más precisión que nosotros mismos.



Pablo Felipe Arango

pablo.arango@gruposala.com.co


SIN PERDÓN NI OLVIDO / Darío Ruiz Gómez




SIN  PERDÓN NI OLVIDO

Darío Ruiz Gómez

En España el grupo terrorista ETA después de matar a 855 personas, niños incluidos, de recurrir a “las distintas formas de lucha armada”, de asesorar al gobierno de Chávez y a las FARC en  atentados  con explosivos acaba de declarar la dejación de las armas y su reincorporación a la vida democrática.  En la voz de Josua Ternera uno de sus más desalmados jefes ETA ha silenciado su accionar  bélico. El Presidente Rajoy ha calificado el hecho  como un triunfo del Estado de Derecho y   las víctimas como su triunfo  frente a la afrenta mayúscula  que supone  el terror como chantaje permanente contra un ser humano. A  la mente se me vino una manifestación de cerca de un millón de personas  protestando contra el terrorismo de ETA donde tomados de la mano  marchaban los principales dirigentes políticos de Derecha y de Izquierda incluyendo el Partido Comunista. A esta marcha sucedieron otras en distintas ciudades para afirmar la fe en la democracia y el rechazo a una violencia cuyo único objetivo consistía en  azuzar   el  enfrentamiento entre hermanos y  donde a nombre de la reivindicación de una supuesta etnia superior  se persiguió con crueldad a quienes pensaban  diferente en las Universidades y colegios, se sometió a los niños a la catequización cultural, se instauró  un régimen de sospecha general, se histerizó  hasta la irracionalidad absoluta a sectores sociales que no tuvieron reato  alguno en justificar el crimen como en aquella ocasión en que en una manifestación acorralaron a un grupo de opositores  al grito de “Eta mátalos”. La Asociación de Víctimas de ETA acaba de emitir  una declaración en donde exigen la investigación pertinente sobre 385 asesinatos  sobre los cuales ninguna autoridad ha  señalado a sus autores. El Presidente Rajoy  ha  confirmado que no habrá ni perdón ni olvido  y se continuará  investigando y condenando hasta el final a los  asesinos. Por su parte ETA no ha pedido perdón a las víctimas ni se ha arrepentido del daño causado a la sociedad. Recurriendo al manoseado argumento de sus historiadores  de que, dada la “situación  de pre violencia  existente en esos momentos”, su levantamiento armado “estaba justificado”. Lo cierto es que hoy cuando inevitablemente los velos que cubrían esta realidad de pesadilla  comienzan a mostrar la verdad, esa verdad que brota del testimonio directo de los ofendidos, de las voces libres y doloridas de huérfanos y viudas,  y no de las verdades amañadas  por  Comisiones de la Verdad de bolsillo, el llamado relato de este nacionalismo  se  va derrumbando solo. Y las razones de la justicia empiezan a brillar con la contundencia debida.

Más de un centenar de víctimas  e intelectuales entre los cuales hay que destacar los nombres de Fernando Aramburo  el autor de “Patria” y  Fernando Savater víctima de la intolerancia de ETA  han firmado un manifiesto donde exigen al gobierno la debida investigación sobre esos 385 crímenes de Eta que no han sido  investigados  y de manera perentoria  reclaman “una condena de la historia de terror, de manera que deslegitimen la violencia con vistas a generaciones futuras” Nunca en ningún momento esas viudas y huérfanos, esos profesores despedidos, esos intelectuales a quienes se intentó silenciar, esos secuestrados y mantenidos en las llamadas “cárceles del pueblo”  bajaron los brazos y mantuvieron en alto su protesta. (Para Sofía Gaviria y las víctimas del terror)
 

Lecturas Urgentes de Poesía


domingo, 13 de mayo de 2018

¿QUÉ ES EN DEFINITIVA MEDELLÍN? / Darío Ruiz Gómez





¿QUÉ ES EN DEFINITIVA MEDELLÍN?

Darío Ruiz Gómez

“Medellín” es el sobrenombre de un siniestro narcotraficante  en un film de Villeneuve, a Chomsky el gran pensador se le atribuye la expresión de que Medellín es un invento de la DEA, y desde luego en la película sobre la azarosa vida como narcotraficante de Barry Seal, Medellín es el eje de su vida de traficante. Medellín no ha dejado de estar presente en el imaginario de series de t.v  internacionales sobre narcotráfico  al  lado de Nueva York, Chicago, en el Nápoles  de Saviano  que parece filmado en las calles de nuestra ciudad, con los muchachos  lanzados al sicariato. Un remake, tiene uno la impresión, de una película de  Víctor Gaviria. Y ahora en España se vuelve a hablar del modelo Medellín del narcotráfico a raíz del dominio de la droga en la zona de Algeciras. Y de nuevo  la Comuna 13  haciéndonos  revivir infaustos recuerdos del pasado de suma violencia que vivimos entre masacre y masacre sin que hasta hoy hayamos sido capaces de ir más allá de unos  estereotipos creados por la imaginación de otros buscando escenarios propicios para replantear las eternas historias  de las ambiciones que degradan hasta cero la noción de lo humano. Comenzó el zafarrancho y de frente nos impactaron  los efectos directos de esos desafueros, la destrucción de nuestro hábitat, el escupitajo  a nuestras tradiciones necesarias, la agresión contra nuestros párvulos en las escuelas, contra nuestra adolescencia, contra nuestra democracia y naturalmente contra nuestra ciudad, la agresión al libre derecho a la circulación por cualquier territorio. Y un crimen de lesa humanidad que no ha dejado de crecer: los desplazamientos de población con fines de  especulación urbana. ¿Ha entendido nuestra justicia la gravedad  de un trastorno social  que ha ido deteriorando  cada uno de nuestros estratos sociales;  o lo sigue mirando  como un problema  para  Inspectores y jueces?  Recordemos  la relación directa que se establece siempre entre una economía  tercerizada  y el crecimiento  de la corrupción oficial  pero también recordemos que esta tercerización es el triunfo de la economía impuesta por las mafias  en su invasión  de los espacios públicos. La destrucción de las ciudades es una catástrofe indicativa de la degradación de una sociedad. ¿Cuántos desplazados del Chocó, del bajo Cauca traen a Medellín semanalmente los coyotes ilusionándolos con la promesa de que tendrán vivienda, subsidios?  ¿Cómo llamar a ese terrible espectáculo de desorden, promiscuidad, riesgo que supone la invasión despiadada de las laderas? ¿Cuál ha sido la respuesta a este peligroso desorden urbano? ¿Podemos seguir refiriéndonos a  un Medellín a escala humana que fue desbordado hace tiempos por la presencia de otras etnias, de nuevos poderes económicos en juego? ¿Y los más de cincuenta mil muertos que dejó la guerra de Pablo Escobar es un pasado olvidado o un problema que nos implica a todos sin excepción y nos hemos negado a asumir?

¿Cuál ha sido la respuesta urbanístico a esta atomización del territorio? ¿Está integrada a la malla de la ciudad la Comuna 13 – al igual que todas las demás Comunas-  o es otro  gueto producto de la terrible inequidad social que vivimos? Medellín con su dispersión urbana con su desconocimiento de  los ciudadanos, y de la ciudadanía es una no ciudad. Y esta distopía ¿quiénes la piensan o asumen o se hacen responsable de ella? ¿Dónde están los filósofos, los sociólogos, el pensamiento político? La crisis de esta ciudad es una crisis moral que no puede seguir tratándose por las autoridades como un caso de policía, como un problema de pobres.

Poema / Martha Cecilia Muñoz







Poema / 

Martha Cecilia Muñoz



Sólo la lenta sucesión de las horas.
Que un tic tac lejano señala.
Indefectiblemente.
Y la boca. 
Anhelante.
Y las manos.
Crispadas.
Y tú recuerdo, incierto.
Componen mi equipaje



martes, 1 de mayo de 2018

60, Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: Junín




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60, Medellín: Deterioro y abandono de su Patrimonio Histórico: Junín

Medellín, la Ciudad del Eterno Maquillaje

Víctor Bustamante

El aviso de color azul con letras blancas añade en Junín con la Playa,  “El Centro, nuestro orgullo”, por supuesto que, como nos acostumbramos a los clichés, o sea a los avisos vacuos y llenos de buenas intenciones  con el espejismo del lenguaje, lo leemos con algo de esa risa que aparece por las sospechas que genera; esas con  las que está empedrado el infierno donde caemos con tanta persuasión. Porque sabemos, que es precisamente allí, en esas palabras del aviso, que son pura decoración. En apariencia es la intención de rescatar el paraíso perdido, porque el Centro lo es. Al menos en una equilibrada cultura del patrimonio debería ser así, pero, y este pero es una duda metafísica, la otra significación debería leerse así, la simulación del patrimonio. Lo cual prosigue con los carteles dispuestos en la carrera o mejor, como le dicen ahora, cuando el lenguaje comercial impone sus códigos, Pasaje Junín: La Alcaldía de Medellín empieza la transformación  de las fachadas del Pasaje Junín. Entre La Playa y Caracas, 27 fachadas van a mejorar su aspecto recuperando los elementos arquitectónicos e históricos del lugar”. Releo de nuevo, y no puedo creerlo. A lo mejor, en un acto de prestidigitación cumplirán este designio digno de David Copperfield, o sea pura simulación de la realidad, ya que no sé de qué manera van a realizar este acto de magia por una razón de peso, en esta parte de Junín, dos cuadras, solo existen dos fachadas históricas que han quedado como una pobre alusión, ya que las fachadas con su huella, y los interiores de estos lugares han sido destruidos. O sea, digámoslo de una manera clara, dejaron de lado los efectos colaterales, y nos entretienen con "su adecuación de Junín": Pintar fachadas como la idea más luminosa de la actual Administración para rescatar lo que ellos consideran patrimonio, cuando en verdad la calle ha sido avasallada por el comercio. Me refiero a ese comercio a ultranza, al desgaire, donde no se combina con la identidad perdida de la ciudad sino como un tenue velo de lo cultural, aún más sinuoso, que solo ve fachadas, ante una destrucción que viene pausada y sucia, violenta y sin disimulo desde la destrucción del icono de la ciudad: El Teatro Junín.

Por esa razón, después de un largo y pautado periplo, fueron llegando otro tipo de comerciantes, no los cultos comerciantes a quienes preocupaban la disposición de las vitrinas, la halagadora entrada a sus negocios con la peculiaridad de unas puertas elaboradas y diferentes, en contraste con los comerciantes actuales sin patria y sin ley, mercachifles vándalos, con sus cortinas de hierro de igual factura, vendedores de abalorios, de baratijas, de mercancía de contrabando, de artículos pirateados que se apropiaron de la ciudad. Primero con el contrabando destruyeron la industria nacional; la textil es un ejemplo, luego compraron los edificios, luego los adecuaron y asaltaron y saltaron las normas, las escasas normas sobre patrimonio en la ciudad cicatera. Es cierto, el modus vivendi de los comerciantes es fácil y predecible, no les interesa habitualmente nada del entorno sino un local, exprimir varios localcitos. Un comerciante solo aprovecha un tiempo, un lugar, luego se marcha en pos de las ganancias y la especulación; es la única mentalidad que posee. Si a nivel internacional se habla de los capitales golondrinas que se requieren en los países con bajo desarrollo, que llegan y luego expeditos salen para otro país, lo mismo ocurre a nivel de las ciudades. Esos capitales van de sector en sector, se inician con muy buenas intenciones, luego se apoderan de  los lugares: edificios patrimoniales, fachadas de estilos elaborados, aceras y calles, para adecuarlos y los amasan a su manera. Uno de los ejemplos últimos, y más notorio, es el del Hueco, con la oleada de baratijas chinas, que adecuó Guayaquil a su manera con sus edificios de risa, de pobre arquitectura y con nombres, que el conspicuo montañero de duro cerebro y cero cultura cree que da brillo: el Miami y el Hollywood, y además atiborró ese lugar de parqueaderos creando la zona muerta correspondiente. Lo cual se ha replicado en todo el Centro: y no solo eso, también se apropió de una de sus calles, de todas las calles nobles, y ha abusado de ese entorno de tal manera que hacen creer que no hay ninguna autoridad.


Pero ahora ya llegaron a Junín, lo cual era previsible, pero no para crear ornato y hacer atrayente Junín sino que la corroyeron, la destruyeron. Antes habían acabado con Bolívar, con la ayuda del Metro y sus frasecitas edulcoradas: "El  Centro sos vos". Se saltaron el hábitat del comercio y ya se apoderaron de Boyacá, se apoderaron de la Avenida Juan del Corral, del Parque de Bolívar, por citar los casos más fraudulentos y despreciables.

Junín, la calle mayor, la calle emblemática, es ahora una calle depravada, una calle que poco a poco pierde su sabor, su historia, su carácter de ser símbolo, y que, en el transcurso del tiempo, definió un verbo para ella, para sus caminantes, Juniniar. Hoy sábado 28 de abril, el carácter y peso específico de Junín se ha perdido. No le quedó ningún cine: el Aladino pequeño y sustancioso con sus malas películas de karate o de pistoleros convertido en tiendas de juguetes sexuales, el María Victoria convertido en un galpón para un almacén de vestidos, el Dux en una tienda de artesanías, o el Cinelandia perdido en su segundo piso, y el crimen mayor,la destrucción del teatro Junín, con este último crimen era previsible el modelo de ciudad que querían edificar los mediocres alcaldes y pésimos consejos municipales  que vendrían después. También pasó de ser la calle de los nadaístas, y antes de la tertulia de la Bastilla con Carrasquilla, como símbolo, a ser la calle de las cafeterías y de almacenes, lo cual acentuó aún más su destrucción, al proseguir el destino del edificio de la Librería Nueva corroído interiormente, así como el Club Unión entregado al comercio, como ejemplo de los capitales que se van cuando ya no les interesa la ciudad. Si pasamos la Playa ya los comerciantes como ratas se comieron el primer piso del edificio Fabricato y si miramos al Bemogú igual le ocurre, así con los otros edificios. Las perversas rejas de hierro redefinieron, es decir, le dan ese pasaje lúgubre a la calle misma. Antes habían engullido el edificio Uribe Navarro y nadie se dio cuenta. En Medellín la palabra patrimonio es el responso continuo, sin dolientes, son las caminadas con grupos de personas que no conocen el Centro para ver sus ruinas cubiertas con avisos; es la inercia sin remordimiento ni reclamo.

Por supuesto que detrás del mercado organizado, entre comillas, con sus locales arrebatados a lo que fueron edificios simbólicos, llegaron los otros comerciantes, los informales, aún más devastadores que los anteriores; estos se apoderan de las calles, de las aceras y las hacen intransitables, luego siguieron con las redes eléctricas. ¿Dónde estaban las últimas cinco Alcaldías de la ciudad convertidas en alcancías?; todas ayudaron al deterioro del Centro. Por supuesto que las ventas callejeras, aún siguen con sus salas de masajes, con sus esquinas atestadas de jibaros y, por supuesto, con los parqueaderos que deterioran el interior de estos edificios.

De Junín solo ha quedado la mugre, así como un desierto social en la noche, síntesis del descuartizamiento del Centro, y por fin, luego de muchos robos y asesinatos, debido a las banditas y las vacunas que estremecen a los comerciantes serios, llegaron los policías al Centro cuando este ya se había perdido. Ese es el cuadro deshonroso de cómo una ciudad se abandona, se mancilla. Por supuesto que lo de las vacunas es sinónimo de la pérdida de autoridad y constancia de que hay otro orden que manda en el Centro: las bandas que cobran su impuesto y la falta de presencia del Estado. Por ahí dicen que hay algunos empleados encargados del Espacio Público, pero no sabemos de cuál espacio público, porque el rebusque y las carretas pululan por Junín a ciertas horas. Iba a hablar de un puesto inocuo, pérfido y mediocre, como el de la actual gerente del Centro y en verdad no sabemos, si aún existe. 
 
Lo cultural, entre comillas, de Junín, se redefine desde la más baja escala de la pobreza de lo popular, del rebusque, del engaño, con la llegada de los brujos y los adivinos desde el viejo Guayaquil para darle a sus clientes ese toque de risa para quienes se aseguran mediante la lectura del porvenir, también en los vendedores con sus  equipos de sonido a todo volumen. En esa realidad se convirtió Junin, en la ciudad fantasma que solo vemos, ya muy lejos de ese pasado de iluminación, en las fotografías y en las crónicas de sus escritores; solo de algunos, que la conocen, no de aquellos  que viven refugiados en otras cosillas como definir a Medellín como única expresión de la violencia de las comunas.

Hay una relación de dependencia en planeación que viene desde hace años, en este caso Paul Lester Wiener y José Luis Sert en 1948, planes que no se cumplieron. Luego, desde hace pocos años regresaron los barceloneses a la ciudad a implicarse de nuevo en la planeación. Pero algo es cierto, no sé en qué sentido ellos han coayudado porque el deterioro de Junín la llevan a colapsar; cada día se empobrece. Ahora estos expertos, pretenden  dar su veredicto para cambiar su apariencia, personas que no han vivido la ciudad, que no saben nada de su idiosincrasia, de la historia de su territorio, que no la han caminado durante mucho tiempo: de su razón de ser. Ellos vienen a implementar un modelo extraño. Y luego se saldrán corriendo para contar los dólares de sus contratos.




Por eso Medellín es la ciudad del eterno maquillaje, esa que le dan ciertos estériles premios internacionales, ya que también vienen a  maquillarla como una putilla, como una prepago que se vende a los turistas estólidos que llegan no se sabe a ver qué, pero si sabemos a vivir qué, y a experimentar qué.  Medellín es la capital mundial de la coca y de las prepagos.

Pasan los krishnas diciendo sus mantras, creyendo que serán felices, bostezando con sus campanitas y sus tambores de Siva, dejando la estela de su incienso. Pasan los indígenas desolados con sus aspavientos de vivir en Medellín desalojados de sus tierras. Pasan otra vez los estólidos turistas, casi de la mano, caminando en fila india con el guía que habla inglés con acento de montañero diciéndoles mentiras, que la catedral Metropolitana es la más grande en el mundo construida con ladrillos y esas cositas, mientras el comercio de putillas y de travestis; sexo a la carta prosigue junto a los evangélicos mediocres y a los alcohólicos extraviados para conseguir más licor. Toda esa gente son los habitantes del Centro. En esos pequeños raids de los turistas, el guía les cuenta más tonterías y ellos aún más absortos ni se las creen porque lo que ven son almacenes,  mendigos, vagos, vendedores piratas y más pordioseros. Saben que a la noche buscarán el Medellín letal que no aparece en los planes de viaje.

Pasan los alcaldes y pasan los concejales, en estos tiempos líquidos, sin saber qué hacer con la Calle Mayor. Pasan los académicos callados porque Junín se llena de moho ante sus ojos. Pasan los historiadores aun llenos de lagañas psicoanalíticas. Y pasa el Poeta triste lamentando que no sepan nada de la ciudad, pero llegan también los alcabaleros a cobrar impuestos a los comerciantes legales y a los vendedores ilegales. Pasa el Clan de los encargados de Patrimonio con sus proyectos y sus gafas ahumadas, despistados y sin saber qué hacer, ni cómo amar la ciudad. Pasa un "artista punk", de vanguardia como él mismo asegura, que ha regresado de Paris, creyendo que provoca con sus tonterías, que se ha ganado quince becas por este chalaneo y otros veinte premios por arrastrar en plena calle un tarro de pintura con una cabuya como síntesis del arte conceptual, y, además, ha dado conferencias sobre su acto creativo.  

Se van los residentes de Junín, del Centro, expulsados por las pésimas condiciones y abrumados por el deterioro. Junín en la noche es un desierto social.

Les iba a contar unas bellas historias de Junín pero eso ya son cuentos de fantasmas.