lunes, 13 de noviembre de 2017

Cien años de Aranjuez / Hugo Bustillo Naranjo / 55 Patrimonio de Medellín







Aranjuez 100 años con Hugo Bustillo Naranjo

Víctor Bustamante

Por casualidad en la biblioteca de Comfenalco encontré el libro, Nombre español para un territorio lunfardo de Hugo Bustillo Naranjo. Había descartado los informes en los recortes de periódicos que referían un Aranjuez apresurado y otros libros que también lo referían de oídas, es decir, lo mismo que había escuchado en alguna otra parte. Buscaba otras noticias sobre Aranjuez, quería saber más de Aranjuez, solo tenía una imagen de este lugar, no la totalidad, ni el momento de esplendor, por una razón específica, en Medellín la historia se disuelve, se deja de lado.

En el libro se revelaba un Aranjuez inédito, un Aranjuez que palpita, un Aranjuez que deja sorprendido. Y es que Hugo había escrito un libro no siguiendo el paso magro de los lugares comunes, sino que ahondaba en los personajes, en la vida cotidiana que es lo que le da brillo a los lugares. No la solita fecha en que fue fundado, no el evento conocido de que allí en las colinas existió el manicomio, más dos o tres lugares comunes. No, no, como Wells que descarta los lugares comunes por ser la impronta pobre de quien no indaga, con el libro de Hugo auscultaba las calles, así como en algunos caros lugares del barrio. También de su mano, con la cartografía que él ha encontrado, asumí un Aranjuez con una historia, con unas personas que dejan aun perplejo, porque una cosa es referir la misma historia de Las Camelias y otra cosa es saberla por los escritos de Hugo, en la forma cómo ha armado poco a poco esos lupanares, y como de su mano la amamos y armamos, cómo llegan de allí las mujeres, las prostitutas de postín nunca las callejeras, desmirriadas, que han desposeído este oficio de magia, sino las madamas de los burdeles de una Medellín que alejaba esa zona erótica, siempre rosa en el recuerdo, siempre memorable por la calidad de dar su erotismo que obligaba a los sedientos viajeros de la ciudad y hombres de mundo en irse de tour codicioso, a buscar una buena compañía lejos del hogar y de la pérdida del erotismo casero para soñar y vivir allí no camelias al desayuno sino las rosas heridas de la noche. No sé si se deba su nombre a una referencia a la novela La Dama de las Camelias de Dumas pero algo de influencia literaria debe poseer, ya que la ciudad siempre ha sido iluminada por la literatura. Pero también allí en el Bar Acapulco mataron a Lucho Vásquez.

Pero lejos de esas manifestaciones políticas y procesiones que tanto gustan al paisa cazurro, en esas noches, aparecía otro tipo de manifestación y es, era y será el fervor erótico del paisa, de todos los pelambres y credos, que cuando se bajaban las cortinas de la noche, se iban para Las Camelias a manifestar y vivir su bohemia. En esos lugares, no le prometían ningún tipo de redención  ni le prometían que con una revolución llegaría un mundo mejor. No, allí, si tenía dinero, accedería a lo más a la mano que lo equilibraría unos días, una bella mujer y al paraíso de unas horas. Pero a ese paisaje tan bien descrito del erotismo no voy a referirme más, porque el texto conduce a otros sitios del barrio, además han desaparecido esas casas y su huella ha quedado en el recuerdo, es decir, en nada.

También el texto revela una historia perdida, y es que Aranjuez era tanguero, con sus diversos bares para las melodías, entre otros, diseminados en su topografía, El Rinconcito Argentino, Cuartico Azul, Calle Corrientes,  El Faro, El Berlín, El Maipú, El Martillo,  El Alianza, El Cámbulo, y además con la presencia de un cantante, Alberto Rossi, aquel que grabó entre otros tangos El esquinazo como trasunto a un tango de Gardel.

Todas estas voces en el libro hablan, cuentan lo que ha sido Aranjuez. Y es ahí donde reside el poder de este texto, ya que de no haber entrevistado estas personas, se hubiera perdido ese relato, ya que en el detalle es donde se encuentra la riqueza de un lugar, no en la generalidad que todo lo uniforma con su tabula rasa, porque  en cada uno de esos pormenores se cambia la percepción que tenemos de Aranjuez, le da otro matiz, enriquece su historia. De ahí que la memoria de esas personas mayores, portadores de su experiencia, de su tránsito por estas calles, ayuden de una manera magnifica a darle lustre a la intención de su autor por evitar que el ávido olvido deje de lado la perseverancia de esas vidas valiosas.

En este texto existe una gran indagación  sobre la vida cotidiana de casas, de memoria donde se encuentran esos universos particulares, donde se abren puertas que describen vidas, instantes, corredores que subyugan un horizonte; paisaje casi relegado.  Por esa razón, cuando la conversación con cada testigo se abre, auscultamos instancias desconocidas  y transitamos lejos por las calles del barrio, por las fachadas, por las fotografías desvaídas que nos quieren hablar desde su espesor pero también desde el momento en que fueron tomadas. Así, en este texto, indagamos de la mano de su autor, esa previsión de haber buscado esos testigos para adentrarnos en diversas épocas, en diversas calles, ya que el barrio nos habla a través de ellos, ya que alguna vez vieron y vivieron algo, y su memoria devuelve estos sucesos con esa sorpresa de saber que no sabíamos nada de esos momentos. Ese oficio del escritor, de Hugo Bustillo, nos habla desde adentro y sitúan lo buscado, o muchas veces una sola palabra ubica en esta labor de indagación una historia perdida, ya sea una casa de pupilas, ya sea un cine, al talentoso compositor  Rómulo Caicedo manejando un bus y a las líneas de trasporte yendo hacia el barrio donde los pasajeros saben el nombre de los buses.

Las palabras de estas personas conducen a zonas sagradas, a otras preguntas, recalan en otras huellas que conducen a nuevas propuestas, donde comprobamos nuestra absoluta quietud, pero también nuestro deslumbramiento. Por eso cuando caminamos por sus calles y distinguimos las fachadas de las casas antiguas, aun intactas, cerca de las recientes, donde el ladrillo y el cemento erigen su nombradía, es como pasar cada una de las páginas del libro, donde se asocian tantos detalles como el mundo de los tangos, sobre todo de esa dama de la noche que pidió ser enterrada junto a un puñal en sus manos como testimonio de amor a Gardel a quien conoció en Las Camelias, como los jugadores de futbol, Castronovo hablando en lunfardo, Greco y Fito Ávila que iban allí. También la cancha del Míster donde se situaban a socializar los muchachos de antes. Así como, en esta conversación regresa, el personaje mayor que deslumbra, Pedro Nel Gómez, que casi opaca a los otros, a Mascheroni, a Bruckner, a Alba del Castillo, a Tartarín Moreira, a Horacio Longas y a Carlos Arturo Longas, a William Álvarez, a Camilo Correa, a María Cano. Y es entonces que este libro  revela un gran secreto, la plenitud de lo popular como una expresión de  Aranjuez.

Así, el túnel de la memoria, a veces oscuro y sin salida, otras veces con un destello al final de la línea,  entrega un territorio para seguir descubriendo, para darle todo el peso que el polvo de la indiferencia y del avance apabullante de la ciudad hacia otras zonas no logra relegar, ya que algunos de sus amanuenses, en este caso Hugo Bustillo Naranjo, no dejan que esa historia, que a veces se anula, revierta, y sea leída de nuevo para darle todo el peso y el esplendor a este barrio ahora en sus cien años.

En el transcurso de estos cien años, se han cambiado y olvidado nombres, Los Álamos, Berlín, Lídice, así como los bellos nombres de sus calles: Alicante, Madrid, Valladolid, Bilbao, Granada, Navarra, entre otros nombres españoles. Hugo propone que se restauren placas con estos nombres en cada esquina como una manera de no dejar que esa nomenclatura se pierda.

Pero ahora, en este domingo 6 de noviembre miro, miramos a Aranjuez desde otra perspectiva, desde San Isidro, con la configuración del barrio que es, y que Hugo relata con sus vivencias, así como la manera en que escribió su libro. Tantos años han pasado desde que el potentado Manuel de J. Álvarez con su vestido negro, muy español, y a caballo venía a cobrar las cuotas de los terrenos vendidos, hasta la bullaranga de este inicio de noviembre, hasta el encuentro con Hugo que nos ha devuelto la memoria de las calles y de los testigos, a Aranjuez mismo.





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                                                       Fotografías de Luisa Vergara




domingo, 5 de noviembre de 2017

El Taller de los Rodríguez / Maribel Tabares / Patrimonio Recuperado 53


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El Taller de los Rodríguez / Maribel Tabares / Patrimonio Recuperado 53
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El Taller de los Rodríguez / Maribel Tabares

Víctor Bustamante

En esta presentación Maribel Tabares nos lleva de su mano por el trasegar de los Rodríguez, aquella familia de realizadores de lapidas, fotógrafos, de arquitectos que han dejado una huella perdurable en la ciudad. Han pasado tantos años desde la irrupción y cristalización de su obra  que es innegable la presencia de ellos, así la amenaza del olvido se asome detrás de nuestro acervo heredado para suponer que han llegado otros a superarlos en esa dialéctica del menoscabo tan presente en nuestro medio, pero es tan poderoso su legado, es tan valiosa su presencia que siempre nos obliga a indagar sobre diversos aspectos en su obra que no se ha dejado de analizar, así sea en los lugares comunes que se reiteran, pero que Maribel en su indagación nos ddescubre aspectos nuevos, incontrovertibles. Uno de ellos que la famosa fotografía de los zapateros en realidad es de Horacio Marino, lo cual lo ubica no solo como un gran fotógrafo sino como el arquitecto excepcional junto a Nel. Y es que en esta exposición, sin quererlo, se resalta el arduo papel del artista en nuestro medio, la lucha perene por expresar la inquietud de una ciudad que bulle, donde emergen las temáticas, las personas, los motivos de esas fotografías y su archivo donde reposa un Medellín que poco a poco sale a la superficie, que no cesa de sorprendernos cada que las auscultamos, así como perdura la presencia de las obras arquitectónicas de los Rodríguez, ambas instancias creativas como emblemas que el tiempo no ha logrado desdorar y menos nuestro olvido mutuo.

Los Rodríguez, en conjunto, en su vida y obra, conjugaron un quehacer, eximio como totalidad donde sus indagaciones se abren, expresan, dirimen. No en vano literatura, revistas, pintura, espiritismo, también se relacionan para darnos la contemporaneidad que ellos vivieron.  

Maribel en su indagación, exhaustiva, poco a poco responde a esas preguntas, que nos indica como la ciudad no solo expresa la dinámica de los industriales sino que junto a ellos existieron unos librepensadores, unos artistas que cada que los leemos, cada que miramos sus fotografías, cada que miramos la fachada de alguna de sus construcciones, cada que indagamos sobre ellos no cesan de sorprender.

Esta brillante exposición que Maribel lleva a cabo de las fotografías de Melitón nos advierte asimismo de una vigorosísima presencia narrativa, por su huella, que caracteriza las fotografía que a la vez las acerca al realismo visceral que no se diluye, sino que con el paso del tiempo se hace más fuerte ante el efecto depredador de quienes debían preservar la ciudad y el legado de sus artistas.

Por una parte se observa que el paso constante del tiempo, con su tono pausado, contenido, diligente y letal persevera y da pábulo para valorar estas obras. Y por el otro la enormidad, incluso el cuidado de los hechos fotografiados, ya que nos preguntamos qué ha llevado a Melitón a fijar su mirada en determinado motivo, a cierto pasaje y paisaje de la ciudad. Ningún espectador de esta obra olvida el estilo probo e impasible que describe las calles, los diversos instantes de la ciudad que  narra su lente, la necrofilia de las familias en el último abrazo al niño muerto fotografiado con sus padres. Acto seguido, estas fotos, expresan y redimen una mentalidad insoslayable nunca distante sino propia, nuestra, que no se deja manosear porque estas fotografías son indiscutibles, y llevan a preguntar a los codiciosos mirones qué otros mundos, que otras circunstancias nos traerá Maribel cada que descubra un nuevo entorno, una nueva significación, un nuevo detalle de esta obra, paradójica y sobria donde la discreción de Melitón es una constante pero que no se pierde en el silencio sino que su punto de vista emerge cada que reparamos en la manera en que pensamos como hizo cada fotografía tan suya.





martes, 31 de octubre de 2017

Fernando Trueba en Medellín / Víctor Gaviria/ Andrés Upegui/ Teatro Lido (3)


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Fernando Trueba en Medellín / Víctor Gaviria/ Andrés Upegui/ Teatro Lido (3)

Víctor Bustamante

Viernes en la tarde, 20 de octubre, la cita es a las cuatro de la tarde. Al escenario del Teatro Lido. Llegan Fernando Trueba, Víctor Gaviria y Andrés Upegui. El motivo: conversar sobre un libro del director español, Mi diccionario de cine. Pero, ¿de qué trata Mi diccionario de cine? Por supuesto que de cine, pero con un acicate, la perspectiva tan personal de Trueba sobre algunos directores que hemos considerado inamovibles en el panteón cinematográfico. Uno de ellos el más golpeado por su fachada de gran director, Godard, a quien no le guarda ninguna contemplación al desbaratarle la aureola que ha mantenido a través de los años, al considerarlo un intelectual de relumbrón y mal lector, y un genio ocasional.

Su dureza con Griffith, Disney, Orson Welles contrasta con su pasión por Howard Haws, Truffau, Billy Wilder, Hitchcock, Berlanga, Allen, entre otros. Pero este libro, es, en síntesis, un libro de amor al cine, donde su autor refiere sus gustos, sus pasiones, sus fobias, y así mismo esclarece como algunos de los llamados clásicos del cine no dejan de ser más que la aceptación de la pereza en revisar por muchos críticos este canon, donde hay algunos directores y películas que han sido valoradas pero que el tiempo desdora.

En la charla de hoy Trueba nos ha llevado por las escenas de algunas películas en las que él sabe que ha descubierto momentos memorables que le han dejado su impronta. Una de ellas, la entrada a Roma por Fellini, otra un fragmento de una película de Tarkovski, otra en una película de Godard. Así nos va llevando de su mano  a esos terrenos que son su antología personal. Y no es para menos,  en esta conversación, la más personal de todas, Trueba comparte su verdadera afición por el cine, de esos tesoros que se le han quedado en su memoria y ahora comparte. Eso es matizándolos con anécdotas que le dan lustre y brillo a su charla.

Creo, sin lugar a dudas, que el acontecimiento del año, en cuánto a cine se refiere, ha sido la visita de este exquisito director español que ha destilado amabilidad, contagio por este arte, y así mismo al ver en La Reina España, ese retrato que le hace a John Ford, el gran director, por quien se desvive en decir, en su libro, que es un poeta del cine, pero que aquí lo dispone a mantenerse dormido y medio perdido durante la filmación de este film, que es así mismo un homenaje de Trueba al cine, cine dentro del cine, con su toque caustico en algunos personajes.

Irreverente, Trueba se entrega al público en este seminario, porque fue un seminario de cine, así como lo hace en sus películas. Y no era para menos.

A la Cinemateca Municipal de Medellín, a su director Víctor Gaviria que ojalá no se extravié en los zaguanes de la burocracia, nos resta agradecerle por haber compartido la presencia del director español, así como a al ITM, a Juan Diego Parra, a Andrés Upequi, sus compañeros en las diversas charlas de cine.


domingo, 29 de octubre de 2017

Fernando Trueba en Medellín / Juan Diego Parra / Víctor Gaviria / Teatro Lido / (2)


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Fernando Trueba en Medellín / Juan Diego Parra / Víctor Gaviria/ El artista y la modelo (2)


Víctor Bustamante

El teatro como siempre con algunos cineastas de la ciudad, y con los cinéfilos en este momento a prueba de mal cine. En el escenario del Lido, siempre este teatro tan sobrio tan amable, que se salvó de la destrucción, exhibe sus atmósfera de haber sido y de aun continuar no solo en la época dorada del cine en la ciudad sino que aún conserva su esencia, aquella de estar activo.

La charla comienza con la presentación de Víctor Gaviria, y luego le realiza una pregunta clave, ¿cómo hace Trueba cuando dirige?, lo cual lo lleva por diversos vericuetos, lo conduce por meandros, lo lleva por caminos oscuros pero sobre todo alumbrado por esa proverbial lucidez de Trueba que es todo un hombre de cine. Y no es para menos esta pregunta es todo un leitmotiv que lleva la conversación hacia terrenos ignorados, hacia territorios de la creación que solo se dan en el momento en que se filma. Se puede tener el guion pero en ese instante la habilidad del director, su talento, lo conducen a elegir la mejor idea, es una epifanía, para poder lograr ese relámpago necesario para que la película adquiera fluidez y contundencia.

Trueba, además, relata su encuentro con Jean Claude Carriere, aquel guionista eximio siempre asociado a Buñuel. No sé si esa colaboración es debido a un criterio de admiración para sentir la cercanía de Luis Buñuel. Trueba saca a la superficie el detalle de Carriere al permitirle entrar a sus recuerdos y entretenerlo mientras le realizan una entrevista. Le deja una caja con sus memorias donde encuentra fotos, cartas de Buñuel, es decir un territorio del cine, de la gestación de algunas películas ahí guardadas como un gran recuerdo, esas huellas en su trascurso por el cine, y que ahora al mirarlas Trueba la hablan de esa memoria lejana y perdurable.

Cierto, en esta conversación, mejor en esta cátedra de cine, Trueba nos revela como continuador de esa gran tradición del mejor cine español que hunde sus orígenes en el terreno de la tragicomedia, sin dejar el humor. García Berlanga es uno de ellos con esa película demoledora que es El Verdugo, pero también Luis Buñuel es el gran caustico de cine, el humor negro que destila en sus películas es único en el panorama del cine español.

Trueba sabe muy bien administrar su talento al tener presente lo visual con el concepto musical y al internase en los terrenos de la literatura, ya que estas tres artes conjugadas interactúan para dar una obra de arte. Solo falta saber sus conceptos sobre el teatro, pero en su disertación, puede más el cine que nos avasalla, nos lleva a comprender sus criterios, sus caminos creativos, relaciona estas diversas artes y así conjuga su punto de vista, lo que podríamos llamar su mundo personal.

Así como Trueba tiene amigos mayores con los cuales conversa y comparte, como si su memoria le entregara momentos cenitales, así él mismo nos entrega su experiencia, aquella que ha sido adquirida a través de la propia experiencia al fraguar cada una de sus películas.




jueves, 26 de octubre de 2017

Fernando Trueba en Medellín / Juan Diego Parra/ ITM (1)


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Fernando Trueba en Medellín / Juan Diego Parra/ ITM 
La música y el cine


Víctor Bustamante

El auditorio del ITM se encuentra con los estudiosos del cine y, además, con los amigos que hace tiempo no vemos por la sorpresa de  saber que Fernando Trueba ha llegado para una conferencia de cine. Trueba está cerca al escenario, él es alto, delgado, con su cabello blanco. A su lado Juan David Parra que será su presentador, así como su partenaire. Como no quiero que su visita a la ciudad pase desapercibida, quiero dar mi versión de esa llegada, y, sobre todo, escucharlo de viva voz, ya que hacía unos cuatro años, cuando él dio una conferencia en el Centro, en el primer piso de la Librería El Acontista, durante su presentación, al lado de Víctor Gaviria, mencionó un nombre: Guillermo Cabrera Infante, de quien fue su amigo. Y como Cabrera Infante es mi maestro quería saber más de él, ya que es la única persona que se con certeza que lo conoció. Por supuesto que grabé su intervención con una falla imperdonable, la mala iluminación, lo cual da la ilusión de saber que el visitante está ahí, por no lo vemos pero si lo escuchamos, escuchamos su perseverancia por el cine.

Por esa razón he venido hoy aquí al ITM, quiero hacerle unas preguntas sobre su relación con Caín, pero será al final ya que la conversación versará sobre un tema atrayente, La música y el cine. Y digo atrayente porque la música y el cine han llegado a cohabitar de una manera peligrosa, y digo peligrosa, porque el cine en ciertas escenas, en cierto tiempo vacío necesita de la música para que refuerce la imagen, de ahí que esos momentos pierdan poder ya que en esos momentos cuando hay una música dulzarrona o llena de emotividad o suenan grandes fanfarrias o una melodía se filtra por ahí casi silenciosa, es que nos damos cuenta que el cine aun es esa fábrica de ilusiones, ya que nos aparta de al realidad y nos sume en su realidad. Hay grandes músicos de cine, es indudable, pero en muchos casos también hay películas que las sostiene la música lo cual es un lugar común. Y hay canciones que se identifican plenamente con el cine, dejan su huella.

En esta conversación, porque Trueba es un conversador excepcional, no un desenfrenado de la palabra sino un ser que nos ha atrapado durante las casi dos horas de su conferencia con su anecdotario de cine, con su encuentro con cineasta que ama, a veces se va del tema principal pero luego regresa, después de un breve interregno para seguir con el hilo de su charla.

Varios nombres de músicos se cuelan en esta conversación. Uno de ellos, Antoine Duhamel, el músico francés con el cual ha hecho varias películas, Cachao, Gato Barbieri. Otra es la relación con Bebo Valdez, lo cual me arranca una sonrisa, ya que a él le dedica  Chicho y Rita lo que ocasionó en Bebo no solo un largo llanto de afecto sino la amistad eterna con Trueba. Pero en esta conversación que ilumina apareció otro nombre, Chicho Sánchez Ferlosio.

Y por supuesto voy a ver Mientras el cuerpo aguante, por una razón específica, siempre me ha causado mucha curiosidad el caso paradójico de aquellos artistas que son puros. En este caso el de Chicho Sánchez Ferlosio, su asunto vital se asemeja al del poeta Leopoldo María Panero, en cuanto a la ruptura con el medio donde vive, a la desidia ante los artistas consumados con el establo cultural y, sobre todo, porque son independientes a su manera y al borde del abismo. El músico, Sánchez Ferlosio, se asila y se aísla en la calles. No en vano en este documental lo vemos tocando en un restaurante para pedir dinero al lado de su compañera Rosa, y Leopoldo asilado y, aún más, recluido en un hospital mental.

Pero hablemos de Chicho Sánchez un músico anarquista, más que comunista, en esa tradición del anarquismo que aún perdura en España. En este documental, es notoria esa  facilidad para componer, y, además, temas pegajosos con una letra que golpea. De ahí que Chicho sea un marginal, una suerte de vagabundo; sus letras son provocadoras, sus letras están matizadas de reclamo desde los suburbios más oscuros de la abyección humana, del abandono de la justicia social a la cual él acude para contarla, a herirla.

Luego vamos al Parque de La Floresta a un lugar a tomar algo con ánimo de realizarle la entrevista. El nombre de Cabrera Infante permanece. Lo acompañamos con Víctor Gaviria, su gran amigo, y su esposa, Andrés Upegui, Gustavo Castaño, el poeta Rubén Darío Lotero, Juan Diego Parra, Edgar Bustamante, Paula Botero, directora académica de le ITM. Trueba bebe una cerveza ligh y continúa la conversación con ese despliegue de humor, con esa erudición, como si continuara la catedra de cine, lo cual es un fervor en estos días aciagos. Cierto, esta noche hemos vivido el cine en su mejor instante.


SIN DEBATES Y SIN CRÍTICA / Darío Ruiz Gómez





SIN DEBATES  Y SIN CRÍTICA

Darío Ruiz Gómez

 Atento lector  de la realidad a todos los niveles,  Emilio Lledó el más importante pensador español actual ha hecho de la crítica del lenguaje  uno de sus objetivos  al comprobar que sin el esfuerzo  intelectual de salirse  de las frases hechas, de los clichés políticos  que sólo ponen de presente una angosta imaginación moral, cualquier disciplina, como lo repite, incapaz de acceder a la reflexión analítica,  termina por convertirse  en la guarida  de la pereza intelectual  y tal como lo podemos observar  todos los días,  en el arma afilada  de los fanáticos  que incapaces de admitir que una sociedad cambia, modifica secretamente sus objetivos,  se dedican  a  obstaculizar  la discusión,  las  necesarias discrepancia de opinión  acerca del país que vivimos.  Ante nuestros ojos entristecidos  hemos sido testigos del caricaturesco derrumbe final de lo que llegamos a llamar Partido Liberal y de cómo los principios que  lo fundamentaron,  devorados por  las ambiciones   de caudillos parroquiales, carcomido por una burocracia insaciable, terminó  por olvidarse de  lo que significaron sus grandes luchas por la libertad, por la tolerancia y sobre todo por la presencia necesaria de una vigorosa opinión pública  ¿Habíamos imaginado en pleno siglo XXI una demostración de tan feroz misoginia como la que nos dieron estos llamados dirigentes liberales? Un aparato totalitario manipulado por unos dictadores negados a admitir el aporte  de las bases populares  del Partido, de las mujeres. ¿Entonces de qué liberalismo hablamos, de cual democracia hablamos si la opinión del ciudadano no es tenida en cuenta?  Este espectáculo de farsa frívola en momentos en que el destino de la Democracia está en juego  ante las estrategias  soterradas  de los enemigos de la libertad  tratando de manejar  los hilos del poder contando con el relajamiento moral  de la llamada clase política. Pero ¿Cuándo en realidad hemos tenido debates  en la reciente  historia de Colombia?  ¿Partidos únicos con jefes únicos que nombran a dedo sus candidatos?  Y entonces el debate, la discrepancia que se supone están en la raíz misma de la racionalidad que exige la política en momentos de desestabilización de las Instituciones?


¿Podemos pensar  dentro de  los proyectos  para el postconflicto   en tener una pomposa  Casa del Pensamiento sin abrir antes la realidad del país al debate de ideas, a la necesaria  discusión pública ante un país cuya complejidad – lo está poniendo  de presente el caso  de Tumaco-  excede ya los maniqueos conceptos de lucha de clases, donde  el llamado identatarismo  se ha terminado por asimilar a un peligroso  populismo  o sea donde  la tarea liberadora  del  pensamiento ha sido sustituida  por un maniqueísmo  tercermundista? Aletargados  en la comodidad de un dogmatismo totalitario  que  únicamente ha dado  para trifulcas, para riñas folclóricas  entre supuestos “salvadores de pueblos oprimidos”, mientras los verdaderos debates  continúan  ausentes de  nuestro precario “pensamiento político” ¿Cómo acceder a la amistad y a la solidaridad  cuando  la llamada policía del lenguaje  está  violando permanentemente nuestro derecho a la libertad  de pensar, olvidando el reclamo de las víctimas?  Recordemos  a Aristóteles :  a la libertad por la razón para entender  la magnitud de una tarea que exige plantear una nueva forma de representatividad  que no sea la de los caciques  políticos  ni la de los  clichés  trasnochados  de una  izquierda anquilosada.     

viernes, 20 de octubre de 2017

Maribel Tabarez sobre "El Taller de los Rodríguez: artesanos, fotógrafos y artistas en Medellín. 1890-1930"



Maribel Tabarez sobre  "El Taller de los Rodríguez: artesanos, fotógrafos y artistas en Medellín. 1890-1930" 

En el restaurante bar La Pascasia este viernes 20 de Octubre a las 7:30 pm.